jueves, julio 20, 2006

Todos los nombres, de José Saramago

Editorial Alfaguara. Escrito en 1997. Depósito legal M-21218-2001.
331 páginas.
Leído en mayo de 2002

¡Lo que nos cuesta reconocer que estamos enamorados! Las personas somos a veces tan ridículas... y sólo nos damos cuenta cuando se nos empuja a una situación extrema o nos acecha la muerte. Hasta el señor más cabal y sensato puede tener verdaderos problemas para decidir qué es lo más importante de su vida, para fijarse en algo más allá del siguiente escalón en el trabajo, en su cuenta bancaria, etc. Parece también que es más fácil ponerse un objetivo sin darle demasiadas vueltas, como un soldado, y no dudar, porque eso nos haría demasiado libres. ¡La libertad! Mejor debatimos sobre ella cuando comentemos de un libro de Sartre, ¿no creéis?
La prosa de Saramago es muy característica. No por elaborar los diálogos de una forma distinta a la convencional, que esto también lo hacen otros autores. Es más bien por cómo cuenta las cosas. Es capaz de narrar muy lentamente, pero a la vez consigue incrementar paulatinamente el interés, nunca aburre. Toma todo el tiempo necesario para caracterizar los personajes y describir las situaciones. Nunca tanta parsimonia es llevada con tanta elegancia. En general, me considero un lector devorador de acciones, me gustan mucho más los verbos que los adjetivos. Cuando un autor se excede en detalles o pretende lucirse con filigranas literarias, suele ralentizar la acción y me distraigo, pierdo la inmersión. Saramago es el escritor que, con un desarrollo lo más lento posible de la acción, consigue mantener al lector inmerso en la ficción que plantea. Se podría decir que es un escritor logarítmico, no hay manera de incrementar la intriga más lentamente que como lo hace Saramago sin aburrir al lector. Quizá esta forma de escribir sea aún más patente en "La caverna". ¿Estáis de acuerdo? ¿Qué ventajas creéis que tiene una narración lenta frente a una rápida? ¿Y al revés?
La lectura de "Todos los nombres" crea cierto desasosiego, hay una atmósfera de tristeza que cala muy hondo. Hay dos vidas que deben encontrarse, una búsqueda sin disparos ni persecuciones, pero no por eso menos intensa. Este libro nos hace un nudo pero no lo desata con un final al estilo de Hollywood, Saramago nos lo deja hecho para que nosotros mismos desatemos esa angustia en nuestra vida real.


2 Comments:

At 26/8/06 12:16 a. m., Blogger AitorTheRed said...

¿Que pasa perraco? ya me ha picado la curiosidad de éste libro. Otro que añado al cesto de la compra :)
Agur!
Aitor

 
At 31/1/08 8:56 p. m., Anonymous Anónimo said...

Sí, "Todos los nombres" deja un áspero sabor de boca... ¿Has visto la reseña en "El lector sin prisas"?

 

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